Publicado: 20.06.2014 - 17:18 | Última actualización: 18.09.2019 - 12:34

Historia del tango

  Autor: Orquesta Laurenz-Casella, Teatro Solís Carnaval 1943. Archivo MCDA
Orquesta Laurenz-Casella. Teatro Solís, Carnaval 1943
 
El Tango es un estilo musical y de danza originada en las ciudades portuarias de Montevideo y Buenos Aires. Se remonta a la segunda mitad del siglo XIX, cuando la música popular estaba presente en el ambiente rural, semi urbano y en los grupos citadinos, en colectividades de inmigrantes europeos, comunidad afro y en las clases bajas situadas en barrios marginales y orillas de las ciudades.

De la gestación del tango a la “guardia vieja”


Explicar los orígenes del tango es una tarea tan difícil como explicar el tango mismo, porque es un sentimiento colectivo que se alimenta de varias vertientes.
Con anterioridad a su surgimiento, las clases altas de la sociedad rioplatense portuaria (Montevideo, Buenos Aires y Rosario) cultivaban únicamente la música clásica europea, tomando como modelo a París.
El tango comienza a esbozarse en un período de muchos años de cambios y de crecimiento de Uruguay y Argentina, cuya identidad se gestaba en medio de una gran oleada inmigratoria desde Europa. Además en ese período el hombre de campo, el gaucho, llega a la periferia de las ciudades en busca de trabajo. Todo ello provoca un gran crecimiento demográfico y urbano.
Aparece entonces el tango como una síntesis y fusión de muchas culturas, músicas, expresiones populares, desplazamientos sociales, idiomas, costumbres, desarraigos y nostalgias. En ese contexto urbano, el tango fue un fenómeno de unión, primero como divertimento y luego como expresión profunda de música, danza y poesía popular.
*Durante las décadas finales del siglo XIX, se cruzan diferentes géneros artísticos, ritmos y términos que influyen directa o indirectamente en la consolidación del tango. La colectividad afrouruguaya con sus fiestas y comparsas tienen que ver en la terminología de la palabra “tango”, la ejecución del ritmo del candombe y quizás también en la danza. El payador que llegó a las ciudades con su canto de tierra adentro y el punteo de la milonga campera, también influyó en el tango. Las compañías teatrales extranjeras, con los “tanguillos andaluces” y, fundamentalmente, el ritmo de “la habanera” cubana escrito en dos por cuatro, conforman los pilares del tango tal como lo conocemos hoy.

Repasar el tango en los últimos años del siglo XIX y primeros del XX es hablar de piezas musicales y de músicos que marcaron mojones, en un momento gestacional y del que se cuenta con poca información, como sucede con toda expresión pequeña y nueva. Como los primeros tangos se reconocen: “El Entrerriano”, de Rosendo Mendizábal; “Don Juan”, de Ernesto Ponzio; “La cara de la Luna”, de Manuel Campoamor; “El Choclo”, de Ángel Villoldo; “La Morocha” y “Felicia”, de Enrique Saborido, entre otros. Son piezas con letras picarescas que se identifican como “tangos criollos” o “tango-milonga”. En este período hubo ”tangos cómicos”, “tango cachada” y otras modalidades casi de improvisación de la música y la letra, impulsados por Ángel Villoldo. apodado “el padre del tango”, y por Alfredo Eusebio Gobbi y su esposa, Flora Rodríguez (“Los Gobbi”), quienes grabaron cilindros en EEUU, y discos; también editaron en París sus propias piezas a principio del siglo. El intercambio de piezas impresas para piano entre las ciudades matrices del Plata y la influencia recíproca se torna más fluida y se consolida una forma de ejecutar el tango. A la primera formación de guitarra, violín y flauta, se suma el piano y luego el bandoneón (de origen alemán, llegó en manos de un inmigrante).

El ambiente en el cual se desarrolla es el de los suburbios, las pensiones y los “peringundines” (lugares del “bajo montevideano”, donde el tango se confundía con la prostitución). La danza es la clave para la popularización de este arte popular: se baila en pareja, abrazados, lo cual es demasiado obsceno para la época y provocativo para la aristocracia local. Hacia 1910 y 1911, se instalan las compañías discográficas extranjeras y comienzan a grabarse discos comerciales que por primera vez incluyen el tango, música hasta entonces marginal, de mala fama, perteneciente al mundo de los cafetines y locales nocturnos de baja reputación. Es así que con el nombre de “orquesta típica criolla” aparecen los primeros discos del conjunto del bandoneonista Vicente Greco en Buenos Aires. Esta terminología, “orquesta típica”, quedó para definir a los conjuntos de tango.

Durante la década de 1910 el bandoneón se perfiló para convertirse en el instrumento emblemático del tango (por su sonoridad), gracias a músicos intuitivos que componían e imponían una manera de tocarlo: Juan Pacho Maglio, Genaro Expósito, Domingo Santa Cruz, Eduardo Arolas, Arturo Bernstein, Vicente Loduca, entre otros. Hacia 1920, el violinista Francisco Canaro sumó el contrabajo, y Roberto Firpo el piano; al frente de grandes orquestas marcaron el camino futuro del tango.
Por otra parte, llegó al Río de la Plata la influencia de la “tangomanía” que vivió París hasta 1914 (cuando comenzó la Primera Guerra Mundial), que significó la aceptación del tango en los grandes salones y fiestas de las clases altas.

Carlos Gardel hizo la transición entre la canción criolla y el tango canción, creando una forma de cantar letras con argumento, lo que se aleja de la liviandad de los primeros tangos y se acerca a una poesía profunda que cuenta el drama cotidiano de la gente común.
En las dos primeras décadas del siglo, etapa conocida hoy como “guardia vieja”, es el período en el cual se crea un tango tradicional, en el que todavía se distinguen los ritmos que antecedieron al tango.


De la “guardia nueva” a la “época dorada” de los años 40 y 50

A partir de los años veinte el tango estaba listo para dar un salto cualitativo en su música, poesía y orquestación. Al decir del investigador Boris Puga, la composición del tango se adelanta a la ejecución, es decir Arolas, Bardi y Cobián (conocidos como “el ABC del tango”) y otros compositores habían compuesto piezas con potencial de desarrollo musical complejo y rico armónica y melódicamente.
Pero otras cosas suceden rápida y simultáneamente. Gardel comienza a modular, a “frasear”; el bandoneonista Pedro Maffia hace lo propio con el bandoneón, logrando un sonido más intimista, apoderándose de un espíritu nostálgico, y avanza en el estudio del instrumento. Los conjuntos se conforman en sextetos instrumentales con dos bandoneones, dos violines, piano, y contrabajo. Julio de Caro encabeza la línea orquestal “arreglando” tangos para lucimiento de solos instrumentales, con armoniosas melodías. Es decir, los músicos ya no tocan al unísono, sino que dialogan en el pentagrama.

Esta nueva forma de ejecución, que se conoce como “la guardia nueva” o “escuela decareana”, provoca un verdadero avance en el tango y cuenta con el respaldo de prestigiosos músicos durante toda la década del 1920: Francisco de Caro, Osvaldo Fresedo, Enrique Delfino, Juan Carlos Cobián, Carlos Marcucci, Pedro Laurenz, entre otros. Pero hay también otros factores sociales y de cambios tecnológicos que se suman y hacen del tango la mayor expresión popular del momento en el Río de la Plata. Es primordial el surgimiento de la radio con un gran número de intérpretes y orquestas que tocan en vivo. También influye el crecimiento de la industria discográfica argentina en el pasaje del sistema acústico al eléctrico, con micrófono. Las orquestas de tango proliferan en los cafés de Montevideo y Buenos Aires, en las tardes y noches, y también en los cabarets que pasan a ser los lugares nocturnos con orquestas estables. En París hay un nuevo auge del tango, en medio de “los años locos”, el jazz y lo que va a ser el teatro de revista y el show de cabaret.

En Uruguay las grandes orquestas se componen de muchos integrantes e interpretan milongas, valses, paso doble, maxixa, mazurca, jazz, tango y otros ritmos. Animan bailes de carnaval, el cine mudo, cabarets, la radio, los cafés, teatros y cualquier festividad pública, como fechas patrias, y tablados barriales de carnaval. En torno al tango se generan muchos concursos de baile, de composición, para carnaval o para las sucursales de los sellos discográficos argentinos. El empresario del cine y la industria discográfica Max Glücksmann organizaba grandes concursos en los teatros, y los temas ganadores se grababan y salían a la venta en los discos 78 rpm.

Músicos como Carlos Warren, Roberto Zerrillo, Edgardo Donato y Ramón Collazo marcaron el ritmo del tango en Montevideo con su presencia en la composición y ejecución. Los lugares más importantes para el tango en la ciudad eran el café Tupi-Nambá, el café Avenida, los casinos municipales y los teatros Artigas, Urquiza y Solís. Pero fundamentalmente el tango se instala en el barrio, el club social y deportivo, la familia y el grupo de amigos.

En Montevideo es muy importante la relación particular entre el tango y el carnaval. Las troupes que compiten en el concurso carnavalesco, como “La Moderna”, “Atenienses”, “Oxford”, “Un real al 69”, entre otras, componen tangos para sus espectáculos. Hay piezas que incluso fueron grabadas en Buenos Aires por orquestas porteñas. A fines de los años veinte se vive una etapa muy fértil y creativa para el tango, la composición avanza rápidamente porque hay mercado. El tango ya tiene sus propias estrellas: Gardel, Corsini, Roberto Firpo y Francisco Canaro; y también sus piezas famosas: “La Cumparsita”, “A media luz”, “Mano a mano”, “El amanecer”, entre otros. Se fundan las asociaciones de derechos de autor Sadaic (Argentina) y Agadu (Uruguay), y el músico de tango comienza a profesionalizarse.

Ya entrados los años treinta y con la popularización del cantante “estribillista” que interpreta unos versos sobre el final de la pieza, el tango comenzó a sentirse como un ritmo muy lento y estancado. Entonces surge una moda  clásica, tradicionalista, que intenta recuperar el espíritu de la “guardia vieja” con un ritmo más rápido. Con esa idea, el músico argentino Sebastián Piana crea una forma de tocar milonga ciudadana componiendo “Milonga del 900” y “Milonga sentimental”. La orquesta de Juan D’Arienzo arrastra nuevamente a los bailarines a las pistas desde el cabaret Chantecler de Buenos Aires y el tango queda muy contrastado entre dos tendencias, la clásica o tradicionalista (Canaro, Donato, D’Arienzo, Lomuto, etc.) y la vanguardista o moderna de los jóvenes que llegaron en los años cuarenta con estilos “decareanos”_ Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese, Miguel Caló, Lucio de Mare y muchos mas.

La “época dorada” del tango coincide con un fenómeno social particular por la abundancia de dinero en la calle, producto de la posguerra mundial y la venta de productos a Europa. Se consume mucho espectáculo en vivo, hay trabajo para los músicos, la gente participa en sus clubes de barrio, en las fonoplateas radiales y el cine sonoro incluye mucho al tango. La poesía adquiere una dimensión importantísima con poetas populares con una obra seria y profunda: Cadícamo, Discépolo, Manzi, Castillo, etcétera. La orquesta típica se afirma con la constitución tradicional de cuatro bandoneones, cuatro violines, piano, contrabajo, a veces violonchelo y viola. Y se profundiza la orquestación musical con la figura del “arreglador” que desarrolla el estilo de los directores de orquesta armonizando temas del momento y también aquellos tangos de Arolas, Bardi, Cobián u otros de la primera etapa que tienen un potencial de orquestación más compleja. Los cantores ya son un instrumento más dentro de la orquesta y adquieren gran fama y popularidad. Muchos de ellos continuaron sus carreras como solistas y participaron en el cine.

Del año 1955 hasta los años sesenta el tango evidencia una crisis inminente con el ingreso de música de otras partes del mundo que desplaza al tango, además de que se avecina una crisis económica y social importante. Del esplendor en cuanto a riqueza estilística, creación y composición que se vivía quince o veinte años antes, las orquestas empiezan a repetirse, a desgastar el repertorio y a aferrarse al pasado. Los jóvenes prefieren “la nueva ola” que hace furor, el twist y el rock and roll.

De la crisis al resurgimiento contemporáneo

La orquesta típica no resistió un número tan abultado de músicos y se transformó en quintetos, sextetos, cuartetos y tríos; los cantores gloriosos de los años cuarenta eran vistos como figuras acartonadas, con una estética anticuada cantándole al pasado con melancolía y tristeza. Surge la televisión y Julio Sosa logra captar un público mayor tradicional que escucha y mira cantar tango desde su casa.
Astor Piazzolla –quien se desprende de la generación del cuarenta– busca nuevos horizontes para el tango, conformando diferentes agrupaciones y composiciones que rompen con los convencionalismos tradicionales. Eleva el tango a música de concierto, o música culta, y provoca su universalización junto con la del bandoneón.

En Montevideo hay un público amplio que admira a Piazzolla y otro que también consume D’Arienzo (tradicional) en las temporadas de verano. El baile social se mantiene, aunque no tanto en el barrio ni en la familia, solo se expresa en grandes acontecimientos festivos. Los años setenta y ochenta son los más duros para el tango: la crisis política y social crea una situación difícil para la cultura, y el tango casi desaparece.

A partir de los años noventa hay una revalorización del baile, de la milonga como espacio donde se cultiva la danza y de los viejos músicos de tango de la época dorada que son apreciados como portadores del “verdadero conocimiento” o del “verdadero tango”. Nuevos grupos musicales siguen el espíritu y la línea de Osvaldo Pugliese (quien actúa hasta 1995). Cantantes del rock nacional reivindican a Roberto Goyeneche como una figura auténtica de la cultura popular. Y bailarines con formación de danza clásica y moderna toman de “los milongueros” de antes, el “yeite” o la forma tanguera de ejecutar los pasos de baile. Es así como se estudian los estilos de tango salón, tango milonguero, tango fantasía y tango espectáculo. Bailarines como Miguel Ángel Zotto, Milena Plebs, Vanina Bilous, Gustavo Naveira y Carlos Copelo, entre otros, lideran este proceso.

A través de la danza el tango se lanza a conquistar otros horizontes. Al tener éxito en el extranjero, se revaloriza en el Río de la Plata nuevamente. Primero en Buenos Aires y luego en Montevideo (a partir de la III Cumbre Mundial del Tango de 1996). Este arte popular ha cambiado, ha tenido su esplendor, ha resistido a las crisis y ha resucitado, para seguir adelante. En palabras del poeta Horacio Ferrer, al tango no le ha llegado aún la hora de su agonía, ni como filosofía existencial ni como estética. Por el contrario, es posible avizorar el advenimiento de una de sus edades más notables e impensadas, aunque diferente por entero de las anteriores. Lo que vendrá será venturoso, siempre y cuando nadie le pida que se parezca a cualquier ayer.

(Créditos de este texto: Borteiro, Martín. Patrimonio Vivo del Uruguay, Relevamiento de tango. MEC. 2015. Montevideo, Uruguay).

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