Publicado: 28.05.2014 - 18:27 | Última actualización: 06.11.2019 - 17:16

Historia barrio Carrasco

El diseño del barrio Carrasco, así como su principal postal, el Hotel Casino Carrasco, fue un proyecto privado iniciado por un grupo de pioneros, la sociedad anónima Balneario de Carrasco, que formó otra sociedad –Sociedad Hotel Casino Carrasco– específicamente para la construcción del hotel.

Fue el primer caso en la historia uruguaya de planeamiento urbano y de diseño de todo un barrio encarado exclusivamente por la iniciativa privada. El principal baluarte de aquel sueño fue el gran Hotel Casino Carrasco, monumental construcción al estilo de los lujosos hoteles que deslumbraron a Alfredo Arocena –el impulsor del proyecto– en Europa, adonde fue a buscar inspiración.

En 1912 se inició la construcción del hotel, con base en el proyecto de los arquitectos franceses Dunant y Mallet, con la colaboración posterior del uruguayo Felipe Elena.

Pero las cosas no salieron como se esperaba. Entre otras razones porque nadie suponía que dos años después se desataría la Primera Guerra Mundial: la inseguridad provocada por la guerra del 14 al 18 paralizó las ventas de los solares del barrio que estaba naciendo, por lo que la sociedad que lo diseñaba, incluyendo la construcción del hotel, se desfinanció, paralizando la obra monumental. En ese estado, inconcluso, lo adquirió el municipio de Montevideo en 1915, junto con 12 hectáreas de terrenos destinados a parque público.

La Intendencia continuó la obra, que concluyó en 1921. El edificio, rodeado de jardines y esculturas en mármol de Carrara, se convirtió en lugar de encuentro y celebración de la sociedad opulenta. Ubicado frente al mar, contaba con salas de fiestas, de juego, gran comedor, así como terrazas cubiertas y al aire libre. Un remanso jerarquizado, alejado de la ciudad bulliciosa de los años veinte.

Bañistas

Carrasco y su hotel surgieron, históricamente, como contraposición a Ramírez y Pocitos.

En las primeras décadas del siglo XX, cuando Montevideo ya miraba la costa como lugar de descanso, en una zona de arenales e inhóspitos bañados se planea la construcción de una estación balnearia de categoría, pensada para los sectores altos, a fin de evitar el hacinamiento que había en las playas Ramírez y Pocitos.

El proyecto estaba inspirado en los elegantes y aristocráticos balnearios europeos, con suntuosas residencias, parques y jardines arbolados, y hoteles de lujo.

Se resolvió situarlo en el extremo sureste, en los terrenos que formaron parte de lo que fuera estancia de uno de los primeros colonos de Montevideo, Sebastián Carrasco.

Pero no fueron los herederos de Carrasco quienes iniciaron el barrio-jardín, sino Alfredo Arocena (1869-1947), cuyo nombre es recordado hoy por la principal avenida del barrio.

Si bien los pasos preparatorios comenzaron en 1906, recién en 1912 Arocena constituyó la sociedad anónima Balneario de Carrasco que, junto con Esteban Elena y José Ordeig, tomó a su cargo el emprendimiento e hizo delinear el barrio-jardín por el notable paisajista francés Carlos Thays, quien proyectó el sector central del balneario con trazos curvos, incluyendo los principales baluartes: el Hotel Casino y la iglesia Stella Maris. La Iglesia, construida en 1918, se emplaza en un lugar de privilegio, enfrentada al hotel.

La calle de Comercios, actual calle Rostand, había sido desnaturalizada respecto a su destino originario por la voluntad de los compradores, que allí edificaron sus residencias. La calle fue abierta en el eje de la gran manzana proyectada por el paisajista Carlos Thays, rematada por dos baluartes: el Hotel Carrasco en un extremo y la iglesia en el otro.

El trabajo en el barrio fue arduo, porque incluía la disecación de los bañados, el desmonte de los médanos y la nivelación general.

Pero poco a poco, los médanos tristes se fueron cubriendo de bosques verdes, el arenal fue atravesado por calles y la villa señorial se iba levantando como un espejismo en medio del desierto. Y comenzaron, lentamente, a venderse los solares.

Afluyen los automóviles, al principio con alguna timidez y, con la misma prudencia, aquí y allá aparecen construcciones de playa, ajustándose espontáneamente a un estilo adecuado al lugar.

Sin embargo, la Primera Guerra Mundial en 1914 alarma y provoca una paralización importante de los negocios inmobiliarios.

Recién a partir de la paz de 1918 volvió a reverdecer el empuje original.

Carrasco, al fin, se convirtió en un barrio en el que el esfuerzo humano trocó médanos por jardines, donde se destaca la riqueza del trazado, la arquitectura suntuosa y el verde constante en calles, plazas y jardines.

Y el Hotel Carrasco, que fue la postal de Montevideo durante buena parte del siglo XX, se apresta a ser la postal, histórica y actualizada a la vez, del siglo XXI.

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