Publicado: 01.12.2021 - 13:54 | Última actualización: 07.03.2022 - 16:12

La voz de las mujeres en el carnaval

La lucha de las mujeres que forman parte del carnaval para construir, desde adentro, un espacio inclusivo, de oportunidades y seguro para todas.

Cada año en febrero las calles se visten de colores, los tablados encienden sus bombitas amarillas y suenan las lonjas que repiquetean al ritmo del candombe para dar aviso de que llegó una de las fiestas más esperadas del país: el carnaval. Repleto de historia, de colores y de alegría, el carnaval es un ícono de Uruguay. Sin embargo, para las mujeres la historia del carnaval es bastante diferente. La violencia de género y la desigualdad de oportunidades ha sido una constante para las que han tenido que abrirse paso en la conquista de un espacio en el que su rol ha sido forzadamente secundario. 

Si bien sus primeros recuerdos de acercamiento a esta fiesta fue distinta, Jimena, Emilia y Valentina tienen en común que las tres forman parte del Carnaval. Valentina Carrara lleva ya tres años formando parte del cuerpo de baile de la comparsa La Fabini, sin embargo, su historia no se cruzó con el candombe hasta grande. “No me crié rodeada de candombe para nada, a mis padres no les gustaba así que no íbamos. Empecé hace tres años por impulso, y ahí me quedo. Yo no sabía bailar y enseguida me enseñaron, me hicieron sentir como en casa. Me motiva aprender de la otra, vuelvo siempre a elegir ser parte de un grupo humano de compañeras así”, cuenta.

Jimena Márquez forma parte de la murga Queso Magro y, aunque está en el carnaval hace ya muchos años, sus primeros recuerdos arrancan en un tablado de barrio con una niña que buscaba volver a subirse al escenario del Club Tabaré, juntar lentejuelas entre conjunto y conjunto, y ensayar en un espejo los pasos de murguista que, sin tener idea, iba a poner en práctica algunos años después. “Yo estoy enamorada del carnaval en sí, no del funcionamiento del carnaval y del concurso, etcétera, sino de la manifestación artística que es, la conexión con el público. Incluso todos los años digo que no salgo más porque no puedo más, pero es como una fuerza misteriosa que me lleva a estar. Que me pide estar. Una inercia enorme que siempre me convocó y me hizo entrar. Y que no me deja salir”. 

Para Emilia Díaz, quien vuelve al carnaval después de veinte años con la murga Doña Bastarda, su primera memoria de esta fiesta fue del año 1997, cuando acompañó por primera vez en carnaval a la murga Araca la Cana. Fue impulsada a volver por sus hijos y para tener un lugar donde exteriorizar emociones a través del arte. “Primero mis hijos, quería que ellos vivan la fiesta desde adentro a una edad que ya pueden disfrutarla con cierta madurez. Además, también necesitaba expresar muchas de las cosas que dice Doña Bastarda con las que concuerdo. Transformar lo que una quiere decir en un hecho artístico es un desafío increíble, estético y ético lindo que tenía ganas de volver a vivenciar”, dice Emilia.

Que no quede en el tintero lo que falta por hacer

Después de casi dos años de no haber carnaval, este año trae nuevamente la fiesta, sin embargo, el nuevo escenario parece ser distinto al de antes de la pandemia. Las tres coinciden en que este año tiene características particulares. La pandemia no solo trajo consigo las medidas sanitarias, sino que también contribuyó a la visibilización de las desigualdades de género en el carnaval “A partir de Varones de Carnaval se generó un cambio muy positivo, lo charlamos con mis compañeras, lo charlamos mucho y se siente la diferencia enorme en todo nivel. No solo por el mayor número de mujeres, sino porque a los compañeros varones los vemos cuidarse en sus formas, en sus maneras, ha cambiado el tipo de humor en los ómnibus, se han generado charlas en los grupos que antes no se generaban”, sostuvo Jimena. 

Si bien cada vez son más las murgas que cuestionan sus conductas y que incluyen la temática en sus presentaciones, las entrevistadas sostienen que todavía queda mucho por construir para hacer del carnaval un espacio más igualitario “Yo espero con ansias el día en que ya no me pregunten qué es ser mujer en una murga, porque ese día se habrá naturalizado la presencia femenina. Este año hubo un carnaval muy protagonizado por mujeres que hacen reír. Porque siempre se puso en duda la capacidad de la mujer para hacer reír y, de a poco esa barrera se va rompiendo, se va flexibilizando cada vez más, cuando estoy arriba del escenario haciendo el cuplé de Graciela Bianchi no siento esa barrera, esa capa de gelatina que había que atravesar para llegar a la respuesta”, agrega Jimena Márquez. 

Por su parte, este año, el desfile de las Llamadas no se quedó afuera en denunciar la desigualdad de género. Para Valentina una de las sorpresas más lindas fue encontrarse con que las primeras en desfilar en ambas jornadas fueron la Organización de Mujeres de Negro, quienes pusieron sobre Isla de Flores el tema la violencia de género “Antes no pasaba porque no se hablaba, era tabú. Hoy estamos rompiendo eso, se está visibilizando las situaciones de violencia de género. Hay cuentas que dan nombres, hablan, eso me parece fantástico y es un paso gigante. Nos queda muchísimo, sí. Pero ya todo este movimiento hizo que bajaran un montón de varones, y eso me parece un pasito. Es un gran avance”, dice, y sostiene que para ella el motor del Carnaval está en el compañerismo entre mujeres. “Hay que bancarnos entre todas, es la herramienta que tenemos: estar juntas. Ver que la de al lado es compañera, es amiga. Que hay que darle la mano y darle para adelante. Ese es el sentido del carnaval para mí, ese es el carnaval del que yo formo parte”.

Para Emilia, volver al escenario en este panorama tan diferente al que dejó hace veinte años es un acto de coraje. “Volver a los escenarios en esta época es de valientes y quizá hasta algunos pueden decir que es un acto kamikaze, no tanto ahora que bajaron los niveles del virus, pero en enero pensé qué valiente abrazar el miedo y salir. Lo mismo me pasó con el tema de género, algunos de los acusados por violencias inconmensurables, inadmisibles, algunos más que valientes al salir me parecen de una caradurez y una falta de respeto importante. Tiene de todo esta fiesta”. Y sostuvo que percibe un espacio de mucho más respeto y responsabilidad al que dejó hace tantos años atrás, particularmente respecto a temáticas de género. “Vuelvo y me encuentro con una responsabilidad que hace veinte años no había, en todo, en los temas de género en especial. Desde lo que se dice arriba del escenario hasta los chistes en la bañadera, y el respeto y la mirada hacia el laburo de las mujeres artistas, desde maquilladoras, utileras, arregladoras, conductoras, todas. Ese cambio que siento tiene mucho a partir de Varones de Carnaval donde se hizo visible una realidad”. 

Crece desde el pie

Las tres hacen referencia al carnaval como un sentimiento que las atraviesa, las motiva a volver y a apostar a seguir construyendo desde adentro un espacio seguro y libre de violencia de género. “En los lugares donde estoy y amo, como es el carnaval, creo fundamental eso de construir desde adentro. Cuando todo está enfermo o contaminado poder contribuir con un poco de amor a la construcción de la fiesta. Y cambia charlando, poniendo los temas en la mesa, reflexionando con compañeras y compañeros”, indicó Jimena, quien además hizo referencia a que ante situaciones de violencia es necesario empezar a construir redes y dejar de hacer caso omiso a una realidad tan naturalizada. “Cuando salieron las denuncias de Varones de Carnaval, para la gente que estaba adentro, como yo, lo más impactante fue decir ‘yo lo veía’ y qué nos pasaba que no lo miramos, no lo habíamos visto con ese filtro, con ese lente”.

Valentina, por su parte, destaca la importancia de sus compañeras en todo momento. “Compartir con las demás mujeres, el compañerismo que atraviesa es algo hermoso. Siento que el candombe es algo que nos une a todas y por algo estamos en esta comparsa. La de al lado no es competencia, es una mujer que siempre te va a estar dando para adelante y te va a bancar en lo que necesites. Yo sé que miro para el costado y tengo una sonrisa, un ‘dale’, un aguante, un abrazo”, sostiene. Para ella el candombe tiene fuerza y es memoria colectiva que se construye en grupo. “Es algo que te eriza la piel, que te recorre el cuerpo, es indescriptible. Es una fuerza inmensa por todo lo que estás representando, por todo el pasado y la historia que tiene el candombe. Ahí estás vos, representando lo que es la cultura, es algo fuertísimo. No solo Isla de Flores, el candombe en sí, lo que te transmite el tambor es algo que te eriza. Nosotras somos un cuerpo de baile, somos todas, miro al lado y las tengo porque son mis compañeras. Es lo maravilloso de esto”.

Jimena destaca que si bien queda mucho por construir, percibe que existe un sentimiento de fraternidad entre mujeres mucho mayor en este carnaval. “Algo que está pasando es que estamos mucho más hermanadas. Nos hablamos más, nos juntamos más, no es ‘yo estoy sola’, dejan de jugar las camisetas en pro de una causa común que es la apertura de las puertas”, dice, y subraya la importancia de que las mujeres hayan hablado y se encuentren en construcción constante del carnaval como espacio seguro. “Las mujeres en carnaval nos hemos charlado, nos hemos contado experiencias, nos hemos emocionado, nos abrazamos. Siento que si bien el concurso sigue existiendo yo lo siento más amoroso, mucho más fraterno al encuentro con las compañeras mujeres que están atravesando el carnaval”.

Intendencia comprometida con la igualdad de género 

Construir un carnaval libre de violencia de género, inclusivo y seguro para todas es un compromiso de todos y todas. La Intendencia de Montevideo lleva adelante distintas acciones para combatir la violencia de género en ámbitos culturales como el carnaval. En noviembre del año 2020 lanzó la campaña “Cambiá la cultura”, con el objetivo de promover cambios en las conductas que deriven en formas más sanas de vincularse en los espacios de la cultura. También se instalaron puntos violetas en ensayos de Murga Joven, ediciones 2020 y 2021. Se trata de una iniciativa de la Asesoría para la Igualdad de Género y el Departamento de Cultura de la comuna, en coordinación con Mujeres del Carnaval. Consiste en espacios de referencia donde se brinda información y asesoramiento ante situaciones de violencia de género en espacios culturales. 

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