Publicado: 30.11.2016 - 17:58 | Última actualización: 09.12.2016 - 23:51
En el marco del Festival de Intervenciones Urbanas

Un minuto en la vida

Tiempo de lectura: 5 minutos
  Autor: CdF / Carlos Contrera
FIU El Sillón
 
  Autor: CdF / Carlos Contrera
FIU El Sillón
 
  Autor: CdF / Carlos Contrera
FIU El Sillón
 
La intervención "Un minuto", que forma parte del primer Festival de Intervenciones Urbanas (FIU) organizado por la Intendencia, consiste en instalar un sofá en distintos puntos de la ciudad e invitar a las y los transeúntes a tomar asiento durante un minuto para cambiar de perspectiva, descansar y reflexionar o dialogar con otros.

Quienes se sienten tendrán a su disposición diarios y revistas y serán agasajados con un café. El cómodo sillón permite estar solo o coincidir con otras personas desconocidas en un living abierto a la ciudad.

Cada uno decide si interactúa o prefiere ensimismarse en sus pensamientos o recuerdos. La propuesta plantea un cambio de ritmo y propone un juego que reconfigura el espacio público, donde se puede ser protagonista o espectador. 

El grupo unminuto está integrado por la productora Lucía Pittaluga, la diseñadora industrial Leonora Arocena, las arquitectas Cecilia Lanz y Ana Melazzi, y la economista Ángela García.

¿Cómo surgió el nombre del colectivo “Unminuto”?

Leonora Arocena: Surgió a partir del propio trabajo. Todas fuimos compañeras de estudio en Gestión Cultural. Nuestra tesis eran cinco intervenciones urbanas. Estuvimos trabajando para diferentes fondos, buscando concursos para presentarnos. Cuando surgió la idea del FIU en la IM presentamos una de las cinco intervenciones que teníamos, que es el sillón, porque era la más viable.

¿Qué objetivo tiene la intervencion?

Lucía Pittaluga: Notamos que hay muchos lugares de la ciudad por los que pasamos todos los días y no nos detenemos a mirar. La intervención tiene que ver con eso: volver a apreciar el espacio público. El sillón genera eso: poder parar un minuto a ver lo que tenés alrededor y, a la vez, desconectarnos de la rutina de la vida diaria. La idea es mostrar que al menos por un minuto podés hacer otra cosa y tener una experiencia terminada. Notamos que ese cambio abrupto en la rutina genera distintas reacciones.

¿Con qué criterios eligieron los lugares?

L. A.: Queríamos zafar del centro como único lugar y descentralizar un poco para mostrar diferentes barrios donde el público varía, así como la visual. Lo importante era que fuera una zona transitada y con linda vista, porque lo que pretende esta intervención es que la gente pare, cambie el foco y mire a su alrededor.

¿Cuáles son las reacciones de la gente?

L. A.: Hay un poco de todo. Generalmente cuando son vecinos del barrio, te das cuenta porque se acercan a preguntar si necesitamos ayuda o pasar al baño. Hay gente que no da pelota cuando les hablamos, otra alega que no tiene tiempo, otros tienen ganas pero no se animan, y después está la gente que se cuelga y casi no podemos sacarla cuando viene otra persona. Pero justamente eso es lo lindo y lo que vamos mirando para generar otras intervenciones.

L. P.: A la gente le cuesta salir y escuchar realmente lo que estás proponiendo.  “Estoy llegando tarde” es la típica respuesta. El primer día estuvimos en la Plaza Matriz, había un montón de turistas y una receptividad muy linda. Ayer estuvimos en la zona del Prado, por el viaducto, y el público era mucho más uruguayo. 

¿Hubo alguna reacción inesperada?

L. P.: Son muy interesantes los diálogos cuando gente de diferentes edades, estilos de vida y clases sociales comparten el sillón. Por ejemplo, ayer se sentó uno con una guitarra, toca en los ómnibus y se acercó una señora como de ochenta años y se puso a tomar un café con él. Me parece interesante la interacción que se da entre las personas.

L. A.: Creo que a todas nos quedó como un momento lindo, porque pensas que quizás estas personas se encontraron ahí y nunca más se vuelvan a ver en su vida, pero sin embargo disfrutaron de ese ratito.

En lugares transitados, ¿hay personas que asuman el papel de espectador?

L. A.: Cuando uno contempla algo, nadie te está observando. En cambio, el que se sienta en el sillón pasa a estar en una especie de escenario, la persona lo vive de forma distinta. Por eso cuando empieza a pasar gente, nosotras nos sentamos, como un llamador, así empiezan a mirar, se detienen y preguntan qué sucede ahí.

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