Barrio La Calera en la memoria de la ciudad
Este documental, de 20 minutos de duración, está basado en la historia real de una comunidad, de un "cantegril". Una parte del mismo fue desalojado en el año 1980 (actualmente queda gran parte del asentamiento original que se denomina Calera Vieja) por la construcción de los accesos a Montevideo (Ruta 1), más precisamente entre Carlos María Ramírez y el Arroyo Pantanoso, sobre la calle Calera de las Huérfanas.
Tras ser desalojado, un grupo de vecinos y vecinas decide, con apoyo del Centro de Investigación y Desarrollo Cultural (CIDC), Instituto Técnico para la Promoción del Desarrollo Integral (INTEC) y personas vinculadas a la parroquia de La Teja, organizarse para construir una cooperativa de vivienda por ayuda mutua.
Esta cooperativa está ubicada en las calles Agustín Muñoz y Alaska, en el barrio La Teja, y hasta el día de hoy continúan trabajando con la Intendencia de Montevideo y el Consultorio jurídico de la UDELAR con el fin de regularizar su situación dominial.
¡Mirá el Chicharrón que chico era!
La Unidad de Asesoramiento para la regularización de la propiedad y el diseño participativo del hábitat, junto con el Observatorio de Asentamientos de la Intendencia de Montevideo, organizaron la ida a ver la película junto con vecinos y vecinas del barrio La Calera.
Sandra, vecina que aparece en el documental, dijo que “alguna vez la vimos, por los ochenta y pico, y me acuerdo que colgamos una sábana en el salón del barrio y ahí proyectamos, pero se veía muy mal, todo cortado”. Varios vecinos tenían una idea vaga de la película pero recordaban si salían en ella o no.
Solange y Carmen bromeaban con que "habían llevado lapicera para firmar autógrafos a la salida de la función" y Teresa dijo que ella no vivió todo ese proceso porque es nueva en el barrio pero “vengo a acompañar a mis vecinos y a mi barrio a ver la película”.
Comenzada la proyección, rápidamente se interrumpió el silencio, que el público mantiene habitualmente en esta actividad, con un grito de “mirá el chicharrón, qué chico era”. Segundos después: “ah mirá la Sandra cocinando, revolviendo la olla” o “¿ese es el Tabárez?” fueron comentando. Así se sucedieron frases y exclamaciones hasta el final de la película que causó todo tipo de comentarios y expresiones de sorpresa.
La memoria de la ciudad
La proyección de La Calera fue una experiencia colectiva que volvió a poner en circulación historias, rostros y luchas que forman parte de la ciudad, aunque muchas veces queden por fuera de sus relatos más visibles.
En ese encuentro entre pasado y presente, entre la pantalla y las voces que la interrumpen, se hizo evidente que la memoria es un proceso vivo y, en esta ocasión, tuvo su oportunidad de encuentro en una función de cine.
Recuperar estas historias, mirarlas en conjunto y volver a nombrarlas es, también, una forma de disputar sentidos sobre la ciudad, reconociendo a quienes la han construido desde sus márgenes.
El Observatorio de Asentamiento viene desarrollando una línea de trabajo de sistematización y reconstrucción de Memorias Urbanas desde la Periferia dando cuenta de los procesos colectivos que sostienen, hasta hoy, procesos colectivos de organización y lucha por el derecho a habitar.
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