Diseñar lo público: un cambio de paradigma
La innovación pública comienza con varias preguntas: ¿Cómo mejorar la experiencia de las personas? ¿Cómo construir servicios más accesibles? ¿Cómo abordar desafíos cada vez más complejos desde nuevas perspectivas?
Las transformaciones sociales, tecnológicas y culturales que atraviesan nuestras ciudades exigen nuevas formas de comprender la realidad desde las instituciones del Estado.
En este contexto, la incorporación del diseño en la gestión y en las políticas públicas refleja un cambio de paradigma: la necesidad de consolidar instituciones más abiertas, capaces de escuchar, aprender y adaptarse a escenarios cada vez más dinámicos. La perspectiva del diseño aporta una mirada centrada en las personas y en la cocreación.
Permite entender mejor las necesidades de la ciudadanía, articular múltiples disciplinas y generar respuestas pertinentes frente a problemáticas estructurales que un área de trabajo aislada difícilmente pueda resolver.
En el marco del Mes del Diseño en Uruguay, referentes del sector reflexionan sobre el papel de esta disciplina en la construcción de mejores servicios, procesos e iniciativas para la comunidad.
Andrea Apolaro, gerenta de Innovación Pública
¿Por qué el diseño ocupa hoy un lugar estratégico dentro de la innovación pública y la transformación del Estado?
Como disciplina metodológica, el diseño es capaz de hacer operativa la complejidad dentro del Estado, ayudando a construir burocracias más creativas. Si asumimos que los problemas públicos son sistémicos y que debemos abandonar el solucionismo lineal, esta disciplina nos ofrece la estructura para pasar de la teoría a la acción sin caer en la improvisación.
No hablamos de diseño como un ejercicio estético, sino como una infraestructura de pensamiento y de gestión para la transformación pública. Al centrarse en el proceso más que en el problema, posibilita innovar en los medios y en las relaciones.
El diseño permite crear espacios de codiseño donde la ciudadanía y el funcionariado horizontalizan el poder. Esto transforma el cómo hacemos las cosas, garantizando que la participación sea real, empática y situada en las vivencias de las personas. El diseño aporta una experimentación rigurosa frente a la incertidumbre.
La máxima de "actuar, observar, ajustar y volver a actuar" se materializa a través del prototipado, permitiendo el testeo de soluciones de forma rápida y a bajo costo antes de escalarlas a políticas de gran alcance. Esto reduce el riesgo del error y permite aprender con evidencias en mano.
Hoy, ante la irrupción de la inteligencia artificial y la saturación de datos, el diseño funciona como un puente para promover nuevos flujos de trabajo e interfaces que facilitan la alineación de los objetivos políticos con las necesidades de la gente. Es una oportunidad para transformar la capacidad de los equipos técnicos, transitando de una cultura estatal basada en el control y la certeza hacia una cultura pública basada en la escucha, la flexibilidad y la garantía de derechos.
Florencia Occhiuzzi: Diseño Estratégico en Políticas Públicas, Gerencia de Innovación
¿Por qué el diseño debe formar parte de los equipos que piensan, gestionan y transforman las políticas públicas?
El diseño aporta una manera diferente de comprender y abordar los desafíos públicos. Más allá de diseñar productos o servicios, ofrece una forma de pensar que permite entender problemas complejos, visualizar oportunidades y construir soluciones centradas en las personas.
Aporta herramientas para escuchar, investigar, interpretar necesidades y traducirlas en acciones concretas, acercando las políticas públicas a la ciudadanía mediante procesos de diálogo, cocreación, experimentación, prototipado y validación.
Estas metodologías permiten aprender antes de implementar, reducir incertidumbres y tomar decisiones más informadas. Permite comunicar y visualizar sistemas y procesos complejos, facilitando la comprensión de las problemáticas, promoviendo la participación y fortaleciendo la toma de decisiones.
En ese contexto, integra diferentes saberes, construye lenguajes comunes y facilita el trabajo colaborativo entre actores técnicos, sociales, políticos y ciudadanos. Más que diseñar soluciones, ayuda a diseñar las condiciones para que las respuestas se construyan colectivamente.
El diseño no debe ser un complemento técnico, sino una capacidad esencial para impulsar una nueva forma de hacer políticas públicas: más abierta, colaborativa y capaz de integrar diferentes miradas para generar valor público. Su aporte resulta fundamental para construir respuestas más humanas, accesibles y efectivas para nuestras comunidades.
Hoy los desafíos de lo público nos exigen una forma diferente de pensar y gobernar. Son problemáticas cada vez más complejas que ya no pueden abordarse desde una única disciplina ni desde estructuras aisladas.
Paulo Pereyra: coordinador de Montevideo Lab.
¿Cómo puede el diseño ayudar a transformar ideas en soluciones concretas que generen impacto en las personas y las comunidades? El diseño es capaz de transformar cuando se convierte en aliado de quienes impulsan el cambio, en lugar de pretender protagonizarlo.
Desde Montevideo Lab no aportamos soluciones cerradas, proponemos abordajes para construirlas a través del ensayo, el error iterativo y un enfoque centrado en las personas. Desde esta perspectiva, "centrarse en las personas" significa trabajar con ellas: la ciudadanía es parte activa desde la propia definición del problema, aportando saberes esenciales del territorio.
Para mediar entre la institución y la comunidad, ponemos la tecnología a disposición como una herramienta, nunca como un fin en sí mismo. Entendemos la tecnología en su sentido más amplio, vinculada al "saber hacer". Tan tecnología es una impresora 3D o una cortadora láser, como los métodos de participación y las formas de organizar el trabajo colectivo. Esta forma de innovar y tender puentes se despliega en tres dimensiones clave:
1. Hacia adentro de la institución, al trabajar con el funcionariado para optimizar procesos internos y mejorar la atención, acompañando a los equipos en el diseño y materialización de sus soluciones.
2. En la mediación territorial, al traducir necesidades específicas en respuestas de diseño inclusivo, como la maqueta háptica que desarrollamos junto a la Escuela 198 para niñas y niños con discapacidad visual y pluridiscapacidad.
3. Con la ciudadanía abierta, al impulsar el Ceilab Comunitario (junto a Ceibal), un entorno público basado en la filosofía del "aprender haciendo" donde las propias comunidades imaginan y prototipan sus proyectos. Concebimos la innovación como el fortalecimiento de las capacidades públicas para comprender la realidad, anticipar los desafíos del futuro y cuidar lo común. Y el diseño es nuestro camino, y nuestro aliado, para hacer que eso suceda.
Carolina Poradosú - directora de la Escuela Universitaria Centro de Diseño / FADU
¿Cuál crees que es el principal aporte del diseño para abordar los desafíos que enfrentan hoy nuestras ciudades y comunidades? Cuando visualizamos al diseño como una disciplina que opera dentro de sistemas, contextos y territorios (los cuales es necesario investigar y comprender para identificar oportunidades de mejora), es que podemos dimensionar su verdadero alcance.
Concebido desde esta perspectiva sistémica, el diseño posee la capacidad de interactuar de forma interdisciplinaria con múltiples actores para diagnosticar desafíos y proponer soluciones estratégicas. Esto nos permite comprender la globalidad de una problemática para determinar los involucrados, los tiempos, los presupuestos y la gestión requerida para su implementación, ya sea en el marco de una política pública o en el desarrollo de productos y servicios.
Esta metodología es fundamental para abordar cuestiones complejas. Si analizamos una situación cotidiana como el traslado escolar, un enfoque convencional respondería de forma aislada mediante señalética o semáforos.
En cambio, un proceso de diseño participativo e integral investiga el sistema "infancia, recorrido y entorno" a partir de preguntas metodológicas: ¿cómo se desplazan los sujetos?, ¿a qué condicionantes espaciales se enfrentan?, ¿cuáles son sus pautas de orientación y seguridad?
Como antecedente, una investigación de la carrera de posgrado en Diseño de Juguetes y Productos para la Infancia abordó la seguridad en los trayectos habitacionales en un territorio específico. Tras un riguroso proceso de diagnóstico, la propuesta resultante consistió en el diseño de intervenciones en el espacio público que integran las dinámicas lúdicas propias de esa etapa de la vida, como la interacción con la morfología de las veredas y muretes.
De este modo, la solución técnica incorpora las dimensiones cultural e identitaria de la comunidad. En consecuencia, el diseño se consolida como un agente articulador entre saberes y actores. Al redefinir sus fronteras operativas y metodológicas, la disciplina asume una responsabilidad social clave ante la complejidad de los desafíos urbanos actuales y futuros.
El diseño como infraestructura del futuro
El diseño en lo público es, fundamentalmente, una disputa metodológica contra la inercia institucional. En ese contexto, innovar implica asumir la incertidumbre como condición de trabajo e institucionalizar la escucha, horizontalizando el poder técnico frente al saber territorial. Una burocracia creativa y flexible es la única garantía real de derechos. Diseñar el Estado es elegir cómo queremos escucharnos, es el compromiso de transformar la complejidad de lo cotidiano en un territorio común más habitable, transitable y, sobre todo, más humano.
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